MORAVANE
Clara Josephine Wieck de Schumann (Leipzig, 13 de septiembre de 1819 – Fráncfort del Meno, 20 de mayo de 1896),
Johannes Brahms conoció a la pareja en 1853, cuando contaba veinte años, y estableció con Clara una amistad que perduró toda su vida. Ese mismo año conoció Clara al violinista Joseph Joachim, que desde entonces la acompañó con frecuencia en sus conciertos.
Robert Schumann murió solo tres años después, y Clara acentuó su amistad con Brahms, de quien acabó siendo la principal consejera e inspiradora. Sin embargo, no perdió la pasión por la música de Robert, que siguió representando el núcleo principal de sus conciertos. Con ese programa viajó a Londres repetidamente desde 1865, tras una visita poco exitosa en 1856. En 1878 fue nombrada profesora de piano en el Conservatorio Superior de Fráncfort, donde impartió clases hasta 1892, principalmente de técnica interpretativa.
Por su parte, marianmus.wordpress.com, nos indica, que en la historia de la música ha habido pocas mujeres dedicadas a la composición. Sí que ha habido muy numerosas y estimables intérpretes tanto vocales como instrumentales, pero compositoras, pocas. Los motivos son muchos y evidentes, así que no abundaré en ellos. Pero os traigo aquí a una de las más admirables mujeres que ha dado la historia de la humanidad: Clara Wieck, que como se casó con Robert Schumann, pues como Clara Schumann se quedó.
La historia de amor entre estos dos genios de la música es digna de protagonizar una película: el alumno pobre pero talentoso que se enamora perdidamente de la hija de su profesor, nueve años menor que él, y que, siendo correspondido, tiene que soportar que el padre se niegue, que los separe, que les impida verse, que vuelva a negarle la mano tras una nueva petición, y así hasta tres veces… durante cinco años. Sólo el amor grande y verdadero, y la fidelidad y el tesón hicieron que el drama llegara hasta los tribunales, que finalmente permitieron el matrimonio. Sin consentimiento del padre, claro.
Clara fue niña prodigio, una de las más grandes pianistas del siglo XIX, esposa abnegada hasta en la durísima enfermedad de Robert, madre de ocho hijos, amiga íntima de Brahms y Joachim; fue admirada por Goethe, Chopin, Mendelssohn… Fue también profesora, y compositora especialmente dedicada al piano. Absolutamente admirable… como tantas otras anónimas que no han tenido ninguna oportunidad de desarrollar su talento.
Por último Antonio Diaz nos relata, que sorprende leer que, en pleno siglo XIX, Clara Wieck, la esposa de Schumann, cultísima y extraordinaria pianista, un brillante modelo de mujer romántica, escribiese en su diario: «Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?». Pero, a pesar de estas dudas, Clara nos dejó una obra musical, ciertamente, poco extensa, pero de calidad más que notable y, escuchándola, tiene uno la sensación que podría haber llegado a rayar a mucha más altura, si las circunstancias le hubiesen permitido dedicarse a la composición con más intensidad.
Clara Wieck nació en Leipzig. Era hija de un matrimonio de músicos que se separaron cuando ella era muy niña. Quizá por estos problemas familiares fue una niña falta de afecto y muy introvertida, que no comenzó a hablar hasta los cuatro años, por lo que llegaron a creer que era sorda, pero, a partir de esa edad, aprendió muy rápidamente y se convirtió en una niña prodigio, que desde los nueve años realizó giras como pianista con gran éxito. Cuando tenía once años conoció a Robert Schumann, discípulo de su padre, que tenía nueve más que ella. La amistad entre ellos se convirtió pronto en un amor, contrariado por la oposición del Sr. Wieck, que desconfiaba, no sin algún fundamento, del carácter inconstante y algo desequilibrado del joven compositor. Sólo consiguieron casarse, tras una resolución judicial, al alcanzar ella la mayoría de edad, a los veintiún años.
La pareja se amó profundamente durante los dieciséis años que duró su matrimonio. Robert la animaba a componer y la acompañaba en sus triunfales giras como concertista, pero la salud mental de él se iba deteriorando rápidamente, con crisis depresivas, alucinaciones e intentos de suicidio. Finalmente hubo de ser internado en un manicomio donde murió en 1856.
La viuda Clara Schumann continuó siendo considerada como una gran pianista, comparable a Liszt, y se dedicó a la enseñanza musical y a dar conciertos por toda Europa, para mantener dignamente a los cuatro hijos que sobrevivieron de los ocho que tuvo. Siempre contó con el apoyo y la amistad entrañable de Johannes Brahms, antiguo protegido de su marido. Entre ellos hubo una relación afectiva puramente platónica, pues la veneración que ambos mantenían por Robert les impedía lo que hubiesen considerado una traición a su memoria. Clara murió en 1896, a los setenta y siete años. Su fallecimiento fue un duro golpe para Brahms, quien murió al año siguiente.
